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Cáncer en época de COVID


A lo largo del tiempo, el cáncer es una de esas enfermedades que imponen grandes retos para el paciente y para el oncólogo, no está de más recordar que la enfermedad usualmente se diagnostica después de hacer pasar al paciente por una serie de pruebas diagnósticas más o menos complejas. Luego de esto el médico también debe dedicar mucho tiempo a la interpretación de las pruebas, al examen clínico del paciente y también a la toma de decisión acerca del tratamiento, es decir, que el equipo que usualmente formamos el oncólogo y el paciente está totalmente acostumbrado a que las cosas no vienen dadas fácilmente y que debemos poner un esfuerzo extra en cada paso que damos juntos en la enfermedad y en su tratamiento.


Esto me sirve de introducción porque este artículo está dedicado, como no podía ser de otra manera, a la situación a la que el mundo entero está enfrentado, el COVID-19, tema de todas las mesas redondas, tanto sociales como académicas (virtuales claro está) y que no respeta edades, profesiones o enfermedades y que nos hace plantearnos la manera de actuar ante tal contingencia que inicio en el mes de marzo en nuestro país, pero que no sabemos cuando terminará.


En ese sentido el paciente con cáncer, su entorno familiar y el oncólogo nos vemos en la necesidad de replantear nuestros protocolos, pero más que eso, replantear la forma en la que nos adaptamos al cambio, y de eso sabemos mucho por la naturaleza de esta enfermedad.


Las guías internacionales nos recomiendan a los médicos involucrados en el manejo del paciente con cáncer una forma de categorizar a los pacientes y sus enfermedades con el objetivo de no afectar el curso del tratamiento, y en términos generales, podemos decir que el tratamiento debe de continuar para los pacientes en quienes el beneficio que estamos logrando sobrepasa los riegos impuestos por la pandemia, es decir, si el tratamiento oncológico plantea una posibilidad de mejora para el paciente, entonces no debemos interrumpirlo, en el otro extremo, tenemos a los pacientes que ya han concluido sus tratamientos y que están en una fase de monitoreo y vigilancia con estudios de laboratorio o de imágenes en quienes podemos replantear las citas y los estudios hasta que el riesgo impuesto por el COVID-19 pueda ser controlado, en el medio de estos dos grupos de pacientes queda un buen numero de personas en tratamientos oncológicos en los que podremos continuar o hacer re ajustes de los tratamientos sin sacrificar la eficacia, muestra de esto son algunas aprobaciones que entidades regulatorias de medicamentos como la FDA (Food and Drug Administration) han generado con respecto a algunos medicamentos, mismos que ahora podemos administrar en períodos más distanciados de tiempo para disminuir la frecuencia con la que los pacientes deben de presentarse a las clínicas oncológicas sin disminuir la eficacia de los mismos.


En general, el cáncer no se ha detenido por la pandemia, el cáncer se sigue diagnosticando, y se debe de seguir tratando con la misma energía con la que lo hemos hecho hasta el día de hoy. Hemos cambiado la forma en que monitorizamos a nuestros pacientes, poniendo énfasis en la detección temprana de cuadros febriles, gripales o de malestar que nos hagan sospechar la presencia del virus, para entonces proceder con el descarte del mismo antes de proceder a tratamientos oncológicos, de lo contrario si estos cuadros no están presentes, el paciente oncológico debe de seguir las mismas medidas recomendadas por las entidades sanitarias, es decir, distanciamiento social, lavado correcto de manos y uso de mascarillas. Si hacemos esto, estamos en el camino correcto para continuar nuestros tratamientos como lo hacíamos antes de la pandemia.


Por: Dr. Giovanni Reynoso - Oncología